Institucionalización del delito

Institucionalización del delito

Todos los días miles de ciudadanos somos víctimas de algún tipo de delito sin que podamos hacer nada. Unos desgraciadamente no viven para contarlo, y los que salimos ilesos hasta damos gracias porque las pérdidas fueron solo materiales.

Hablarle a la policía para que nos ayude o proteja es prácticamente inútil. Para el momento que llegan (si es que llegan) ya no hay nada que hacer, y los requisitos para que puedan "proceder" y darles seguimiento a los hechos son tales que hacen que nos arrepintamos de haberles llamado o quedarnos con la sensación de que estamos pidiendo auxilio a cómplices.

Ir a denunciar es sentirse como un iluso que cree que la policía, los investigadores y el Estado mismo funcionan como en las series de televisión, en las que detectives calificados dan seguimiento a los casos, con sensibilidad, tecnología y conocimientos forenses. En México, la primera reacción a la sugerencia de llamar a la policía para pedir auxilio o que aplique la ley es: "jajaja".

Lo único que se ha logrado con la ridícula "estrategia" de combate a la delincuencia y el crimen organizado de "abrazos, no balazos" (expresión pegajosa solo porque rima), es la pérdida total de confianza y respeto a las fuerzas del orden, incluyendo a la recién formada Guardia Nacional, apéndice del Ejército Mexicano que antes era no solo temido, sino admirado y respetado.

La única manera de reducir la delincuencia y la inseguridad en el corto plazo es capacitando y aumentando significativamente (exageradamente, diría yo) los sueldos de los policías para que la corrupción pierda atractivo, y hecho eso, exigir el uso de la fuerza pública para la aplicación de la ley, perseguir, atrapar y castigar delincuentes. Y para el largo plazo, invertir fuertemente en educación con nuevos y pragmáticos planes de estudio, a la par de crear condiciones propicias para el desarrollo económico y la generación de empleos bien remunerados.

Abrazar a los "seres humanos" que todos los días roban, extorsionan, secuestran y asesinan mexicanos, es institucionalizar el delito y hacer de México un país en el que los delincuentes gozan de más protección y garantías que los ciudadanos cumplidos, quienes en un mundo al revés debemos disculparnos con el gobierno por exigirle el cumplimiento de sus obligaciones.

En estos tiempos, reclamar incapacidad e incompetencia al gobierno es ser un conservador, neoliberal y adversario que se opone a la transformación del país y lo único que quiere es mantener privilegios, en este caso el "privilegio" de no ser una víctima más de los criminales.

A los pobres no los roban ("hasta inmunes son al coronavirus", según el gobernador Miguel Barbosa) ha inferido el Presidente cada vez que aflora su resentimiento a las clases medias y a los empresarios que han logrado crear cierto patrimonio, y que para él por definición es mal habido.

Y aunque al final nadie se escapa, es obvio que es más redituable robar, secuestrar o extorsionar a los negocios y personas más pudientes. Los delincuentes son delincuentes, no estúpidos.

Además, no sólo es más rentable, sino más seguro, cometer delitos grandes que pequeños. En este país es mucho más probable que una persona termine en la cárcel por robar una bicicleta, que por robar gasolina, cobrar "derecho de piso" a negocios establecidos, o "derecho de paso" a los vehículos de carga que circulan por las carreteras nacionales, flagelos del crimen organizado que solo el Estado puede combatir.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos si el gobierno no quiere o no puede brindar la seguridad y garantías que está obligado a proporcionar?

A menos que alguien pueda y esté dispuesto a organizar y formar parte de un ejército de autodefensa, con los riesgos físicos y desafíos legales que implica, como ya lo han hecho en varias localidades, en lo que se refiere a seguridad personal, familiar y patrimonial, yo solo veo tres opciones a tomar, dependiendo de las circunstancias individuales: 1. Resignarse, pagar protección-extorsión y vivir en guardia; 2. Cerrar negocios y mudarse a otra ciudad o país; 3. Alzar la voz y organizarse por la vía democrática para poner al frente del gobierno a personas de probada capacidad y probidad.

No hay más. Cualquier otra cosa es demagogia. La opción ideal es la tercera.

"Un gobierno honesto mantiene el orden,
uno corrupto mantiene el desorden".

Yo