Poca seriedad

Poca seriedad


El país no está para bromas ni para dedicarle tiempo a la rifa de un avión cuya importancia radica sólo en las fobias personales del Presidente y en los símbolos de una riqueza que según él los mexicanos no podemos tener y ni siquiera aspirar.

Si tanto le molesta el avión al Presidente, que lo subaste y venda al mejor postor, asuma la pérdida y punto. Mucha más pérdida significó la cancelación del Aeropuerto de Texcoco (120 mil mdp) y no le importó.

Dedicar el tiempo de una conferencia de prensa a la rifa de un avión, en medio de los serios y graves problemas que en materia de salud, seguridad física y jurídica estamos padeciendo, resta seriedad a la investidura presidencial que tanto dice cuidar, y es un agravio a los mexicanos que sufren los problemas en carne propia.

Por un lado no recibe personalmente a la familia LeBarón (masacrada por el crimen organizado) para según él, "no hacer un show, un espectáculo, y cuidar la investidura presidencial", y por otro arma un show de alcance mundial con una ridícula rifa, que independientemente de su dudosa viabilidad, muestra al Presidente de un país emproblemado por muchos lados, dedicando tiempo a una vergonzosa explicación del funcionamiento de la mentada rifa y demostrar con lentas multiplicaciones mentales cuántos "cachitos" de la lotería se necesitan vender para sacar 3 mil millones de pesos.

No le toca al Presidente dedicarse a esto. Si el dichoso avión se vende en 100 o en 130 mdd, la afectación o beneficio al país es irrelevante.

La improvisación es buena para el jazz, pero no para dirigir un país, y buena parte de lo que el Presidente dice e "informa" todos los días en sus conferencias mañaneras, sus propuestas y la manera como lleva a cabo las cosas es improvisado, hecho sobre las rodillas, y lo mismo da si se trata de construir aeropuertos que de vender aviones, o crear un nuevo sistema de salud.

La falta de seriedad en la planeación y ejecución de las ideas ha generado un desprestigio internacional que nos deja a los mexicanos -que a diferencia de él sí interactuamos todos los días con personas de otras latitudes- en posiciones de ridículo, y hacen suponer a nuestras contrapartes que todos somos igual de improvisados que él.

Si analizamos los antónimos de la palabra "seriedad" veremos que todos de alguna manera y en distintos asuntos describen perfectamente la imagen y el modus operandi del actual gobierno:
 
Broma, burla, desparpajo, chacota, chunga, frivolidad, guasa, imprudencia, inconsciencia, informalidad, inocentada, insensatez, irreflexión, irresponsabilidad, ligereza, novatada, pitorreo, superficialidad, ridiculez.

¿Cómo podemos centrarnos en lo importante y dejar de lado las bromas si el propio Presidente es el que las pone en la agenda nacional?

¿Cómo podemos obligar al Presidente a que en lugar de dedicar su valioso tiempo a la organización de una rifa se enfoque y explique con seriedad, objetividad y conocimiento de causa la solución que piensa dar a los innegables problemas del nuevo Insabi, al obvio fracaso de la política de "abrazos, no balazos", a los intentos por modificar leyes que eliminan la presunción de inocencia, que amenazan la propiedad privada, etcétera?

Sólo veo dos maneras: que los reporteros dejen de asistir al show mediático de las conferencias mañaneras, en las que se aceptan respuestas superficiales a problemas profundos, evasivas, descalificaciones e insultos "respetuosos" a los críticos incómodos, o que los medios de comunicación se pongan de acuerdo para reducir la frecuencia de las conferencias de prensa a digamos una por semana (el solo desaire lo lograría), haciendo una agenda común con preguntas semanales de importancia e interés ciudadano, y asistan a las conferencias de prensa sólo reporteros con los "tamaños", conocimientos y talento suficiente para no aceptar evasivas, poder contradecir al vuelo y con datos duros las respuestas falsas que reciban y exigir respuestas fundamentadas que empeñen la palabra del Presidente o sus colaboradores.

Y si esto no fuera posible, entonces hacer la nota de los datos falsos o de la falta de respuesta y compromiso a las preguntas serias, y no de las guasas que el Presidente utiliza para evadir preguntas difíciles.

"Es más grave
ser gobernado que gobernar".

Yo