Malas influencias(ers)

Malas influencias(ers)

La idea que tenemos de las "malas influencias" suele relacionarse con personas o ambientes que impulsan decisiones, valores y hábitos negativos, que conducen a la comisión de delitos, al consumo de drogas, a la violencia o, en general, a llevar un estilo de vida perjudicial. Sin embargo, existen otros tipos de "malas influencias" que, si bien no fomentan conductas delictivas o abiertamente dañinas, degradan los valores y modelos sociales, y están causando un enorme daño cultural.

Me refiero a ciertos influencers de redes sociales que, con el único objetivo de aumentar su popularidad y convertir la atención de sus seguidores en ingresos, promueven una cultura banal, irresponsable, materialista y hedonista; que sobrevalora la apariencia (el culto al cuerpo), el consumo, la fama, e incluso las estupideces, por encima del conocimiento, el esfuerzo, la responsabilidad y la solidaridad.

Al acumular seguidores y visibilidad, estos personajes dejan de ser simples creadores de contenido y se convierten en referentes culturales de las nuevas generaciones. El problema no radica en disfrutar de la moda, los juegos o el entretenimiento, sino en que transmiten la idea equivocada de que para triunfar y ser reconocido no hace falta estudiar, trabajar con disciplina o aportar valor a la sociedad; basta con llamar la atención.

Esto no significa que todo contenido de entretenimiento carezca de valor o sea perjudicial, pero demuestra la importancia de analizar críticamente los mensajes, hábitos y aspiraciones que promueven, especialmente cuando priorizan narrativas de gratificación inmediata, distorsionan el significado del éxito y premian la superficialidad.

Una influencia no depende únicamente de lo que alguien dice de manera explícita. También actúa mediante la repetición: aquello que aparece todos los días en las pantallas termina pareciendo importante, normal y digno de imitación. Los contenidos de las redes sociales hay que verlos ya no solo como fuentes de entretenimiento, sino como constructores de referentes culturales y modelos de vida.

Por esto último, resulta significativa y encomiable una iniciativa que recientemente comenzó a difundirse en varias ciudades de China. En algunos centros comerciales, estaciones de transporte y espacios públicos, las pantallas que normalmente exhibían publicidad comercial comenzaron a mostrar los rostros, biografías y logros de destacados científicos chinos ("Scientists on Big Screens").

La propuesta busca otorgar a quienes contribuyen al progreso social, una fama y visibilidad comparable a la que reciben las celebridades, los influencers, las marcas y los productos. Para mí, esta iniciativa debería replicarse en todo el mundo, a fin de que se valore y admire más a quienes construyen y aportan a la sociedad, que a quienes simplemente venden cosas o entretienen con idioteces.

Es mil veces mejor que un niño o un joven descubra que el respeto y la admiración no se ganan teniendo millones de seguidores, "enseñando a maquillarse" o haciendo bromas sin sentido, sino por dedicar la vida a resolver problemas difíciles: curar enfermedades, diseñar una tecnología, mejorar la producción de alimentos, entre muchos otros. Tal vez esos logros no reciban tanta atención inmediata como un video viral, pero tienen un impacto real, positivo y duradero en la vida de muchas personas.

Entendámoslo así: las pantallas en espacios públicos y dispositivos electrónicos no son neutrales; orientan la atención y ayudan a decidir qué merece ser valorado. Si muestran únicamente productos, cuerpos perfectos, lujos y celebridades, educan indirectamente para el consumo y la apariencia, pero si muestran conocimiento, perseverancia, investigación e innovación, amplían el horizonte de lo posible. Y hoy, más que nunca, es lo que el mundo necesita.

La solución no consiste en prohibir todo tipo entretenimiento ni en censurar cualquier figura popular, sino en ofrecer mejores ejemplos, fortalecer el pensamiento crítico, premiar y dar mayor reconocimiento a quienes crean, descubren, cuidan, enseñan y sirven.

Cambiar los referentes culturales de las nuevas generaciones es, en última instancia, transformar su manera de imaginar el futuro, de entender el disfrute y aquello por lo que vale la pena vivir y trabajar.

"El valor de una persona es lo que queda luego de quitarle todo su dinero, atributos físicos y adornos".


Yo