Good Bunny

Para hablar del controvertido espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl 60 es necesario separar la música de la política.
Por ello comenzaré diciendo que no me gusta su mal llamada "música". Pienso que los ritmos repetitivos, la mala dicción y las letras sexualmente explícitas, cargadas de vulgaridades, representan un retroceso cultural y normalizan la degradación de la intimidad humana.
Millones de mujeres cantan y corean contenido lírico, que hasta pena me da escribir aquí ("Tres deo' en el toto, en el culo el Pinky... Le doy por donde hace pipí y por donde hace popó..."), sin darse cuenta que al hacerlo se colocan ellas mismas como objetos sexuales de otro tanto de millones de machos que también las cantan, ya sea porque riman y se acompañan de un ritmo pegajoso, "sabroso", o porque lo soez, lo bajo y ordinario los hace sentir a todos más "liberales".
Aclaro que no soy un puritano de moral rígida, que se escandaliza con palabras obscenas, desnudeces o los placeres mundanos, simplemente creo que les conviene más a las personas y la sociedad expresiones artísticas que elevan el espíritu y provocan emociones más sofisticadas y duraderas, que emociones inmediatas y efímeras o que, sin una razón de fondo ni un objetivo constructivo, solo sirven para llamar la atención, desafiar o irritar, o simplemente por el gusto de provocar por provocar.
Pero eso es solo mi opinión y mi apreciación musical y artística, lo cual serviría para otro debate.
A pesar de lo anterior, dos cosas aplaudo del show de Bad Bunny:
Primero, la creatividad e ingenio logístico para montar y desmontar, en unos cuantos minutos, una compleja escenografía que llenó media cancha del estadio y que incluía campos de caña y vegetación formados con "plantas humanas", postes eléctricos (para "El Apagón"), puestos callejeros, la "casita rosa" con una fiesta adentro, abuelos jugando dominó, etcétera, evocando la vida cotidiana boricua.
Segundo, aplaudo el fuerte mensaje y simbolismo político detrás de cada uno de los componentes de la escenografía, que mostraron la vida cotidiana, la identidad y valores familiares de los latinoamericanos comunes y corrientes: trabajadores, migrantes, vendedores, electricistas y albañiles que, pese a la pobreza y la precariedad, siguen siendo gente honesta, feliz, divertida y soñadora, confrontando los estereotipos racistas que con fines políticos los reducen a narcotraficantes, violadores y criminales.
Dos contundentes frases proyectadas en las pantallas del estadio, y que fueron vistas por una audiencia récord de más de 135 millones de espectadores, convirtieron el mensaje en un manifiesto de unidad latina y resistencia amorosa: "Lo Único más Poderoso que el Odio es el Amor" (The Only Thing More Powerful than Hate is Love), proyectada como cierre épico, respondiendo directamente al clima de polarización y redadas migratorias y priorizando la convivencia sobre la confrontación.
Y la otra, igualmente impactante, fue cómo a partir de la famosa frase "God Bless America" -que los presidentes de Estados Unidos, especialmente republicanos, usan para cerrar discursos patrióticos, como un ritual que invoca bendición divina sobre la nación- se expandió a la frase "Juntos Somos América" (Together We Are America) escrita nada menos que en un balón de futbol "americano", al tiempo que nombraba uno a uno los países del continente, desde Argentina hasta Canadá, haciéndoles ver a los "americanos" que América es un continente compartido con países latinoamericanos y no solo Estados Unidos.
Lo importante del espectáculo de Bad Bunny, y que lo convirtió en Good Bunny, no fue su música, la cual al final es un simple asunto de gustos, lo importante y trascendente fue haberles hecho ver a los estadounidenses, en el evento más "americano" de todos, que América no es Estados Unidos, y más importante aún, el mensaje de unidad y solidaridad panamericana enviado, y que en mi opinión ayudará a contener el auge de nacionalismos excluyentes y discriminatorios y a priorizar la integración cultural y los valores de respeto y prosperidad colectiva.
Por último (y para ser congruentes) diría que luego de este Super Bowl los latinoamericanos deberemos llamar al futbol americano futbol yanqui, o simplemente futbol gringo.
"Los americanos siempre hacen
lo correcto... después de haber
tratado todo lo demás".
Winston Churchill