¿Y si ahora sí, de veras?

La eliminación de la Selección Mexicana del Mundial volvió a dejar la misma mezcla de ilusión, frustración y esperanza que acompaña al futbol desde hace décadas. Esta vez, sin embargo, también dejó una pregunta que logró trascender las canchas: "¿Y si sí?".
Esta pregunta nació como un acto de confianza para desafiar el pesimismo que durante semanas repitió que México no tenía posibilidades frente a selecciones consideradas superiores. "Yo sé que no... pero ¿y si sí?", fue la respuesta de quienes decidieron creer que el resultado aún no estaba escrito.
Al final no ocurrió. México quedó eliminado. Pero no porque el sueño fuera imposible, sino porque así es el futbol, así son sus reglas y así está diseñado este campeonato: todos los participantes, excepto uno, serán eventualmente eliminados. Pero no todas las razones por las que un equipo llega y gana al final obedecen a una superioridad futbolística, muchas de ellas son eventos fortuitos que concurrentemente y en diferentes momentos le favorecieron: disparos que pegaron en el poste, penales fallados, resbalones, decisiones arbitrales, rebotes inesperados, jugadores lesionados, atajadas extraordinarias, o simplemente porque al rival se le acabó el tiempo.
Ganar o perder un torneo de esta naturaleza, en cualquiera de sus fases, no es una medida exacta de quién es mejor, ni determina la capacidad de los participantes. Tan es así, que selecciones con equipos mucho más costosos, e inclusive favoritos al título, son eliminados en las primeras etapas del torneo.
Por esto y muchas otras cosas más, la fuerza y la esperanza detrás de la pregunta inicial, ¿y si sí?, no deberían morir con la eliminación de México en este Mundial. Esa pregunta habrá de guardarse cuatro años, hasta el siguiente campeonato. Lo que debemos hacer es transformarla para que la energía que vimos, capaz de llenar calles y plazas para celebrar un triunfo deportivo, se utilice ahora para ser, exigir y lograr un país mejor. Digamos y preguntémonos, ¿y si ahora sí hacemos de México un país ejemplar? Yo sé que no, pero, ¿y si ahora sí, de veras?
Esta pregunta -al igual que la del "¿y si sí?- encierra un cambio de actitud hacia todo lo que ocurre y hacemos en México, tanto en contextos personales como públicos: Yo sé que no está bien lo que hice, pero ¿y si ahora sí, de veras, lo hago bien? Yo sé que violé la ley, pero ¿y si ahora sí, de veras la respeto? Yo sé que di o acepté una mordida, pero ¿y si ahora sí, de veras, dejo de hacerlo?
Yo sé que evadí mi responsabilidad, ¿y si ahora sí, de veras, la asumo? Yo sé que hice un daño, pero ¿y si ahora sí, de veras, lo reconozco y reparo? Yo sé que evado impuestos, pero ¿y si ahora sí, de veras, los pago? Yo sé que no hay medicamentos suficientes en hospitales, pero ¿y si ahora sí, de veras, hacemos algo para que los haya? Yo sé que no hay educación pública de calidad, ¿y si ahora sí, de veras, exigimos escuelas que realmente formen y abran oportunidades?
Yo sé que no hay seguridad para salir a la calle, trabajar y vivir en paz, pero ¿y si ahora sí, de veras, hacemos algo para recuperarla? Yo sé que el combate a la corrupción del gobierno es una farsa, pero ¿y si ahora sí, de veras, exigimos que quien robe al país responda por sus actos? Yo sé que no hay una administración pública eficiente, pero ¿y si ahora sí, de veras, exigimos transparencia y resultados o su salida del cargo?
Yo sé que los representantes populares representan más sus intereses y los de su partido que los de los ciudadanos, pero ¿y si ahora sí, de veras, les recordamos a quién le deben su mandato? Yo sé que no hay una justicia pronta, imparcial y accesible para todos, pero ¿y si ahora sí, de veras, exigimos jueces capaces, independientes y comprometidos con la ley?
Yo sé que no salgo a votar, pero ¿y si ahora sí, de veras, me informo y lo hago? Yo sé que no hay una oposición unida, pero ¿y si ahora sí, de veras, los partidos se unen y anteponen el futuro y bienestar de los mexicanos a las ambiciones de poder?...
Ninguna de estas preguntas encontrará respuesta si únicamente se quedan en pláticas de café. Las sociedades cambian cuando los ciudadanos participan. México cambiará el día que participemos y nos manifestemos como si hubiéramos ganado el Mundial. ¿Y si ahora sí, de veras, participamos? ¿Y si ahora sí, de veras?
"El caos es la penitencia por el pecado de omisión ciudadana".
Yo