Ave Fénix

Las imágenes de las zonas residenciales incendiadas en California me apretujaron el alma. Parecían escenas de una película del apocalipsis.

Toda mi solidaridad a las víctimas de esta calamidad, cuyo origen espero haya sido natural y no la obra de algún desquiciado. Les deseo pronta recuperación, la cual será más fácil si adoptan el espíritu del Ave Fénix, esa mítica ave milagrosa, símbolo de esperanza, aplomo, memoria y regeneración, que al sentir la muerte se prepara para resurgir incólume y vigorosa de entre las cenizas.

Esa debe ser la actitud frente a las tragedias. Resurgir, en lugar de sucumbir; encarar, en lugar de claudicar.

Así lo hicieron hace unos meses, jóvenes de comunidades judías de todo el mundo, un año después del fatídico 7 de octubre, organizando festivales de baile cuyo título lo dice todo: "We will dance again". Así también deben decir los que perdieron sus casas en California: "We'll be home again" (cualquier similitud con el slogan republicano "Make America Great Again" es coincidencia).

Dicho lo anterior, y dada mi naturaleza de Ave Fénix que me lleva siempre a buscar soluciones a los problemas y a los reveses de la vida, pregunto: si en California año tras año ocurren incendios que amenazan zonas residenciales completas; si en otras localidades, huracanes y tornados destruyen y vuelan por los aires miles de casas, acabando con el patrimonio familiar y con los ahorros y pertenencias de toda una vida, ¿por qué siguen construyendo casas con estructuras de madera, un material inflamable y vulnerable a los embates de la naturaleza?

Cerca del 90% de las casas en Estados Unidos están construidas con este sistema constructivo (wood frames) a pesar de los riesgos de destrucción total que tiene. Y lo siguen haciendo por múltiples razones: por su asequibilidad (es fácil, rápido y barato construir así); por la flexibilidad constructiva que ofrece, y por su eficiencia energética, es decir, la capacidad para mantener en su interior una temperatura confortable tanto en invierno como en verano. Cabe mencionar además que la madera es el único material de construcción renovable y reciclable. Si los bosques se gestionan de manera sustentable, los árboles pueden ser un recurso renovable.

Pero ¿todas estas ventajas superan el riesgo de destrucción? Yo no creo. Primero porque existen sistemas constructivos mucho más sólidos y competitivos; segundo, y más importante aún, porque las viviendas deben verse no solo como negocios inmobiliarios, sino como hogares, como patrimonio y fuente de estabilidad familiar, económica y emocional.

Los desarrolladores inmobiliarios difícilmente cambian sistemas constructivos probados y dominados por toda una cadena de proveedores, contratistas, técnicos y obreros. En esta industria el dicho que aplica siempre es el que dice: "Más vale malo conocido que bueno por conocer".

La única manera de introducir nuevos materiales y sistemas constructivos más seguros y durables es cambiando reglamentos, normas y estándares de construcción, a la par de otro tipo de incentivos, como podrían ser la reducción de impuestos prediales o primas de seguro cuando los riesgos de destrucción sean menores.

La construcción de viviendas debe regularse bajo la óptica de protección del patrimonio familiar, particularmente en países como México, donde millones de personas habitan precarias habitaciones con techos de lámina u hojas de palma que al primer ventarrón vuelan, dejándolas a la intemperie con la consiguiente pérdida de todo su mobiliario y enseres domésticos, tal como ocurrió en Acapulco con el huracán "Otis".

Hoy que los programas sociales están en boga, sería de gran ayuda a la población más pobre, iniciar un programa (que podría llamarse "Techo seguro") para reemplazar techos efímeros por techos sólidos, para lo cual hay excelentes y viables sistemas.

Algo similar al programa Piso Firme, que hace años se concibió para reemplazar los pisos de tierra de las viviendas con pisos de cemento.

Ahora, regresando al caso de California, les diría a sus ciudadanos y a su gobierno que: la reconstrucción de casas que pronto comenzarán no deben hacerla otra vez con madera. Sería como tropezar no una, sino varias veces con la misma piedra.

"La vida consiste en resolver problemas.

La calidad de vida depende de la calidad de las soluciones".

Yo