Sentido común

Al margen de las diferencias que tengo con ciertas políticas públicas de Trump, tanto en su forma como en el fondo, o de mi aversión a personalidades agresivas, arrogantes y misóginas como la suya y a "éxitos" económicos basados en contubernios corruptos y artimañas legaloides, en su discurso inaugural hubo un concepto que me enganchó, y que si es como lo imagino estoy completamente de acuerdo. Me refiero a su intención de abrir una nueva etapa en la política y que describió como una "revolución del sentido común".
Y por favor, nadie reaccione a esto con la automática y cursi frase que dice que "el sentido común es el menos común de los sentidos", pues el sentido común lo tenemos y aplicamos todos, al menos para las cosas que pueden afectar ya sea nuestros intereses o nuestra supervivencia.
Dos declaraciones que hizo son ejemplos de aplicación del sentido común en su Gobierno: dijo que "forjará una sociedad basada en el mérito" y que, "en la política gubernamental de Estados Unidos solo habrá dos géneros: masculino y femenino".
Y no me malinterpreten, pues yo no discrimino a nadie y defiendo la diversidad y libertad sexual. Lo que digo solamente es que: es de mero sentido común reconocer y aceptar que quienes al nacer tienen la configuración biológica (órganos sexuales) masculina, se les llama hombres, y quienes tienen configuración biológica (órganos sexuales) femenina se les llama mujeres. Punto. Si una persona adulta se siente o se quiere llamar diferente, o se quiere transformar, está en todo su derecho a hacerlo, pero para fines de las leyes y reglamentos del Estado, su género será de acuerdo con la realidad biológica de su nacimiento. Simple nomenclatura oficial. Simple sentido común. La identidad y sentimientos personales son aparte.
Pragmatismo y simplificación es lo que necesitamos aplicar a la vida cotidiana de los individuos y de las naciones, que se ha vuelto cada vez más confusa y complicada.
No tengo duda de que estamos viviendo una época de intrincados y vertiginosos cambios que obligan a una redefinición del llamado "orden mundial", y si bien muchos de estos cambios, los veo necesarios y favorables a la sociedad, otros, creo son meras faramallas populistas que en su inicio pueden parecer beneficiosos para las mayorías, pero que conforme pase el tiempo se verá el daño que causaron, y se convertirán en la base del discurso político que hará ganar elecciones a nuevas oposiciones, claro, con toda la resistencia de quienes basaron sus propuestas en quimeras irrealizables o en planes insostenibles.
Desgraciadamente para todos, hay que esperar a que el daño causado por las malas decisiones tomadas por gobernantes populistas, ineptos o corruptos se generalice para regresar a la meritocracia (gobierno de los mejores) y que es lo que propone Trump y el sentido común dicta.
Ahora bien, si hablamos de cambios al "orden mundial" es importante entender este término correctamente, ya que se refiere únicamente a "cambios y procesos de negociación de equilibrio de fuerzas y de manejo de vínculos económicos que generan orden y estabilidad", y no como parte de diversas teorías de conspiración, o relatos apocalípticos. Ya no estamos en el Siglo 18, en el que sociedades secretas como la de los famosos "Illuminati", maquinaban complots para reemplazar las monarquías y la preponderancia de la Iglesia por lo que llamaban un "gobierno de la razón".
Quien quiera creer que con los avances democráticos, la comunicación y la globalización actual es posible llevar a cabo conspiraciones secretas para controlar el mundo, mejor que se dedique a escribir novelas o guiones de películas para Hollywood.
Así creo que hay que ver la incertidumbre como parte de procesos de negociación -unos más diplomáticos, otros más agresivos-, para equilibrar fuerzas.
No tengo duda que para regresar a una era de estabilidad, necesitamos esa "revolución" o "despertar" del sentido común que le ponga fin a la etapa ilógica y peligrosa que estamos viviendo.
Si las inminentes negociaciones internacionales están lideradas por personas con sentido común honesto y bien intencionado, se lograrán acuerdos duraderos que pacifiquen y traigan bienestar y desarrollo al mundo. Mientras eso sucede, no hay más que ocuparnos en hacer bien lo que nos toca.
"Mayoría no es sinónimo
de sabiduría".
Yo