Migración humana

Para empezar a hablar de migrantes, es necesario acordar que quienes entran o permanecen en un país sin cumplir los requisitos legales se llaman migrantes irregulares y no ilegales. El término "ilegal" tiene connotaciones criminales que no aplican a la enorme mayoría de personas que salen de sus lugares de origen por falta de oportunidades económicas, por motivos de inseguridad o por diferentes tipos de persecuciones.
Aun si las causas que orillan a una persona a buscar oportunidades de vida en otro país son entendibles o justificadas, el sentido común (otra vez el bendito sentido común que nos salva de cometer tantas estupideces) dice que si una persona se mete sin permiso a la casa del vecino, corre el riesgo de ser sacado a la fuerza.
La analogía entre una casa y un país me parece perfecta para entender lo que se debe y no se debe hacer con los migrantes y el trato que éstos deben recibir.
Solo hay dos maneras de entrar a una casa o país ajeno: como invitado o como intruso. Y solamente hay dos maneras de salir: voluntariamente o por la fuerza.
Los migrantes que de manera subrepticia deciden ingresar a otro país saben perfectamente que si son descubiertos serán deportados, en cuyo caso, la única obligación que tendría el gobierno para con el intruso es darle trato digno, respetar sus derechos humanos y las leyes y acuerdos internacionales en la materia.
Así que no nos rasguemos vestiduras porque el gobierno de Estados Unidos decide deportar migrantes irregulares. Indignémonos y reclamemos cuando, sin serlo, sean tratados de manera inhumana, o como criminales, tal como lo hizo el gobierno de Trump hace unos días, al deportar encadenados a un grupo de migrantes irregulares colombianos; indignémonos cuando las sospechas de ser un migrante irregular se basen en el aspecto de una persona, o cuando el origen étnico, la condición económica, las creencias o la orientación sexual sean la causa de aceptación o rechazo a una persona.
Si bien el derecho que tiene Estados Unidos (y cualquier país) a deportar migrantes irregulares es claro, el manejo del problema es sumamente complejo porque se trata de millones de personas y de familias con hijos que al haber nacido en aquel país son ciudadanos legales. Por eso Trump quiere modificar la Constitución, para que la ciudadanía no se otorgue por el criterio jurídico actual conocido como "ius soli", con el que se da la nacionalidad a los que nacen en su territorio, sino por el criterio de "ius sanguinis" o "derecho de sangre", con el que la nacionalidad se hereda de los padres, tal y como se aplica en países como España, Italia y Alemania, entre otros.
Mientras eso se debate, las cosas habrá que resolverlas con la realidad jurídica actual aunada al desprecio, discriminación, trato inhumano y estereotipado que el presidente Trump muestra e incita en contra de los migrantes irregulares.
En este caso, la postura que como mexicanos debemos adoptar frente al gobierno de Trump, y que creo es la misma que la presidenta Sheinbaum ha asumido es: sí, reconocer que una cantidad enorme de connacionales se han metido indebidamente al país vecino, pero sin que sea excusa o justificante, y asumiendo nuestra parte de culpa por no haber generado las condiciones adecuadas para el bienestar y desarrollo de millones de mexicanos, al gobierno americano hay que hacerle ver que lo hicieron por hambre, en busca de mejores condiciones de vida.
Los motivos detrás de las caravanas de migrantes que llegan hoy a la frontera de Estados Unidos no son distintos a los de los "pilgrims" (padres peregrinos), que en el navío Mayflower llegaron a las entonces colonias británicas, desembarcando en Plymouth Rock para fundar una comunidad libre de la opresión de Inglaterra.
La historia del mundo es una historia de migraciones espontáneas o forzadas.
Por ello, el tono y corazón de las inminentes negociaciones en materia migratoria no debe ser policiaco, debe ser uno que vea la migración como una forma de perseguir sueños, de diversificar y fortalecer comunidades, reconociendo siempre el enorme sacrificio que hacen los migrantes para forjar vidas mejores para ellos y sus familias.
Si así se hace, cualquier acuerdo migratorio será mucho más humano y benéfico para todos.
"Más vale arriesgarse al cambio
que resignarse al sufrimiento".
Yo