Querer querer

Para Cecilia.


En unos días más, mi matrimonio habrá llegado al aniversario número 50. Decidí escribir al respecto, no para recibir felicitaciones de nadie, y menos si éstas parten de la equivocada idea de que un matrimonio que dura muchos años es un acto estoico que implica sufrimiento y resiliencia emocional y no una decisión voluntaria y consciente de la que emanan estabilidad y plenitud, como es mi caso.

Permanecer casado, uno, dos o 50 años, no debe ser para nadie un suplicio cuyo "aguante" merezca celebrarse.

Escribo para responder la pregunta que la mayoría de las personas hacen cuando se topan con una pareja que lleva medio siglo casada en un mundo con tasas de divorcio cada vez mayores: ¿Cómo le hacen, cuál es el secreto o la receta, cuál es la fórmula?

La pregunta por sí sola reconoce el cúmulo de problemas y conflictos que hay detrás de todos los matrimonios y en los que cada uno sabe por qué siguen juntos.

No quiero sonar como esos libros de autoayuda que yo ridiculizo llamándolos "libros de Vips" (porque es el tipo de libros que veía, y no sé si siguen vendiendo, en las cajas de estos restaurantes), pero la mayoría de los investigadores y consejeros "expertos" en relaciones matrimoniales hablan de ciertos factores clave que hacen que un matrimonio perdure, como: comunicación abierta y honesta, compatibilidad emocional, compromiso mutuo, compartir valores y metas similares, y la capacidad de resolver conflictos con respeto, entre otros.

Y sí, todo lo anterior sin duda ayuda a mantener el solemne y cursi llamado "pacto conyugal", pero para mí -luego de 50 años de experiencia directa, que me dan cierta autoridad en la materia-, hay dos elementos cruciales adicionales que sin ellos los matrimonios o acaban pronto, o hacen que la vida en ellos sea un infierno:
 
El primero, es una sencilla "fórmula aritmética" que dice que el matrimonio es ½ + ½. Esto significa que las partes deben estar siempre dispuestas a ceder cada una la mitad de sí mismas, pero nunca todo, lo cual es clave. Cuando alguien cede todo (contra su voluntad) la fórmula se modifica a 1+0, es decir que, una parte nulifica por completo a la otra, no solo destruyendo su dignidad, orgullo y autoestima, sino además generando odios y resentimientos que permanecen latentes y afloran de distintas maneras en todas las discusiones. Para mí, los matrimonios regidos por la fórmula 1+0 no debieran existir. Nadie debe vivir sometido a la voluntad y caprichos de otro. Quienes así viven, lo hacen ya sea porque son víctimas de amenazas, abusos y violencia en diferentes formas; por presiones familiares y sociales; por creencias religiosas; por una estúpida y mediocre comodidad; o por dependencia económica.

La fórmula tampoco es 1+1, como muchas parejas hoy creen que es la mejor manera de vivir y realizarse, cada uno por su lado haciendo lo que mejor le parezca, lo cual en mi opinión no es un matrimonio, sino una relación sexual-afectiva superficial, cómoda, convenenciera y endeble, que cuando termina, en lugar de sentir pérdida se siente alivio.

El segundo elemento crucial es la amalgama que une a las dos mitades, el signo "+" de la fórmula. Lo explico de esta manera: la amalgama, lo que mantiene a dos personas unidas son las ganas de estar juntos, "querer querer" al otro. En otras palabras: el matrimonio no es "hasta que la muerte los separe", sino "hasta que las ganas duren".

No se necesita ninguna investigación para entender que cuando una mitad ya no quiere estar, ya no "quiere querer" al otro, no hay nada que hacer, y cualquier pretexto para separarse es válido, desde justificar la falta de ganas con argumentos existenciales, como ir a "encontrarse a sí mismo" (como si no supieran dónde están), hasta interpretar cualquier error o descuido (arruinar una prenda, olvidar un encargo, etcétera) como desinterés por la vida y bienestar del otro.

En resumen diría que, para que la fórmula matrimonial de ½ + ½ funcione se necesitan dos cosas: primero tener ganas de estar juntos (querer querer), y segundo, entender y aceptar que ninguna mitad vale más o es superior a la otra, que las responsabilidades y la búsqueda de felicidad (wareverdatmins) son compartidas, y que al final, seamos hombres o mujeres, ricos o pobres, todos lloramos y reímos por las mismas cosas.

"Para amar, basta querer".

Yo