¿Feministas, dónde están?

El Día Internacional de la Mujer, cuyo propósito es reflexionar sobre los derechos de todas las mujeres y reconocer su participación en todos los ámbitos de la vida social, económica, política y cultural, se ha distorsionado. En lugar de ser un día de reflexión, es un día de agresión. Basta ver las notas de las manifestaciones del pasado 8 de marzo en distintos puntos del país: incendian ventanales en Sonora; gasean a mujeres en el Edomex; incendian edificio del Congreso en Guanajuato; incendian Fiscalía de Investigación de Delitos de Violencia de Género, en Puebla; queman fachada de la presidencia municipal de Guanajuato; lanzan gas lacrimógeno a mujeres que golpeaban vallas metálicas en la Catedral Metropolitana, etcétera.
Me parece importante diferenciar, el válido, justo y necesario movimiento feminista original, que postula el "principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre", de este pseudofeminismo violento que cuando se manifiesta, embiste y destruye todo a su paso y obliga a autoridades y particulares a poner barreras y tapiales para protegerse de sus arremetidas.
Si lo que busca el movimiento feminista es que ningún ser humano sea privado de bien o derecho alguno a causa de su sexo, o poner fin a los estereotipos y roles sexuales, o que las mujeres tengan iguales libertades que los hombres y eliminar la violencia contra la mujer, me declaro feminista. Pero si para conmemorar estos principios queman edificios, rompen vidrios y vandalizan calles y monumentos, me declaro defensor del derecho ajeno, y abogo por la aplicación de las sanciones que las leyes establecen, no porque esté en contra de su causa, sino porque el fin no justifica los medios.
No obstante mi apoyo y simpatía por la causa feminista, tengo un desacuerdo que señalar y un reclamo que hacer al respecto: mi desacuerdo es con las llamadas "cuotas de género" que obligan a partidos políticos, instituciones y organismos públicos a asignar candidaturas y puestos de trabajo a hombres y mujeres en determinadas cantidades, y lo estoy por dos razones: porque en la mayoría de los casos se trata solo de hacer lo "políticamente correcto" y no porque haya un verdadero respeto y valoración de las mujeres, y porque pienso que, cualquier puesto o asignación de responsabilidades se debe otorgar en función de capacidades e idoneidad de la persona y no en función de su sexo. Dicho de otra manera, "las personas se deben valorar por lo que tienen entre las sienes y no por lo que tienen entre las piernas" (Yo).
Mi reclamo es por el silencio mostrado frente al trato inhumano que millones de mujeres reciben en diversas culturas y comunidades alrededor del mundo, y les pregunto: ¿dónde están las feministas para protestar por los matrimonios infantiles que debido a "usos y costumbres" siguen ocurriendo en comunidades indígenas de México, y en los que niñas se ven despojadas de su edad, con embarazos precoces, abandono escolar y pobreza?
¿Dónde están las feministas para protestar por la salvaje práctica de la ablación (mutilación genital femenina) que se practica actualmente en partes de África, Medio Oriente y Asia, para reprimir la sexualidad de las niñas o salvaguardar su castidad, bajo argumentos estúpidos relacionados con la aceptación social o con retorcidos textos religiosos?
¿Dónde están las feministas para protestar y defender a las mujeres que son abofeteadas o apaleadas por "policías morales" porque no se cubrieron la cara o el cuerpo "correctamente", que son obligadas a usar "burkas", que tienen prohibido hablar en voz alta en público o que deben estar siempre bajo "tutela" masculina?
¿Dónde están las feministas protestando por los crímenes sexuales cometidos por Hamas el 7 de octubre, día en que el grupo terrorista dio un "permiso especial" y ordenó en específico "ensuciar" a mujeres de todas las edades, y después de ser multivioladas, mutilar sus pechos y patearlos como balones de futbol?
Protesten sí, pero pacíficamente y no solo frente a los palacios de gobierno de sus localidades; protesten frente a las embajadas de países que someten a las mujeres a la voluntad masculina; protesten en las comunidades indígenas que promueven matrimonios infantiles, que tratan a sus mujeres como esclavas o las venden para saldar cuentas y rencillas de hombres.
"Nada iguala más que una lágrima".
Yo