Desconexión moral

Los crueles hallazgos en el rancho Izaguirre, lugar de "reclutamiento y exterminio" del crimen organizado, han etiquetado al pueblo de Teuchitlán, injustamente, como el Auschwitz mexicano. El párroco de este municipio, Jaime Nabel, dijo, con toda razón, que los habitantes de esta población no son culpables de ese horror.
No nos damos cuenta del enorme daño que estereotipar lugares y personas causa.
Es injusto extender características o circunstancias particulares de una persona o de un grupo terrorista o criminal a todo un pueblo y consolidar de esa manera un prejuicio social.
Teuchitlán no es Auschwitz. Los teuchitlenses no son asesinos, como los mexicanos no somos narcotraficantes, ni los alemanes nazis, ni los judíos avaros, ni los musulmanes terroristas...
Tendemos a generalizar todo porque para la mente humana es más fácil pensar en base a categorías y así saber qué esperar de situaciones futuras.
Al igual que los apodos, los prejuicios y los estereotipos negativos pueden sostenerse y sobrevivir en el tiempo aun con información cierta y comprobada que desmienten los hechos.
No así los estereotipos positivos, que los hay, pero casi no se mencionan o convenientemente se olvidan. Dos ejemplos de estereotipos con versiones negativas y positivas: uno sería el estereotipo judío, que en su versión negativa los presenta como individuos avaros que hace 2 mil años "mataron a Cristo", y en su versión positiva como parte de un pueblo inteligente, benefactor y promotor del desarrollo humano que ha recibido el 20 por ciento de todos los Premios Nobel otorgados a pesar de representar solo el 0.2 por ciento de la población mundial.
Otro sería el nuevo estereotipo mexicano, que en su versión negativa supone individuos corruptos y narcotraficantes, y en su versión positiva los presenta como personas capaces, leales, trabajadoras y nobles. Las versiones más difundidas son siempre las negativas.
¿Por qué nos fijamos más y primero en lo malo de cualquier persona o grupo social y no en lo bueno y que, por lo general, es la versión más acertada? Pero sobre todo, ¿por qué personas comunes y corrientes que no eran malas se transforman y llegan a cometer todo tipo de delitos y atrocidades?
El eticista Craig Johnson decía que, muchas de las conductas espantosas e inmorales y de los actos masivos de codicia y corrupción que vemos, jamás ocurrirían sin seguidores dispuestos a ejecutar las órdenes de líderes tóxicos que poco a poco hacen que personas -inicialmente buenas- se desconecten de sus principios y razonamientos morales y se atrevan a cometer delitos y crímenes otrora impensables, llegando al grado hasta de justificarlos. Este proceso, que se da no solo en ámbitos delincuenciales, sino también políticos, sociales y empresariales, comienza "racionalizando" los delitos con argumentos como: "Todos lo hacen", "robar poquito es nada comparado con los megafraudes de los jefes", "solo seguimos órdenes", las víctimas "se lo merecían", etcétera. "Merezco abundancia", llegó a decir la esposa del ex gobernador de Veracruz Javier Duarte, para racionalizar su corrupción.
Luego pasan al uso de "eufemismos" como llamar a las víctimas inocentes "daños colaterales", a los campos de exterminio "campos de trabajo", o "falsos positivos" a las ejecuciones extrajudiciales.
Ahora bien, ¿cómo evitar la desconexión moral que convierte a personas ordinarias en criminales y despiadados asesinos?
Johnson en su documento decía que la clave es asumir responsabilidad personal por nuestras acciones y estar alertas a los peligros de la desconexión moral, haciendo lo siguiente cuando alguien nos incite a hacer algo malo: darnos cuenta de que somos personas independientes con la responsabilidad de hacer siempre lo correcto; dar un paso atrás y preguntarnos si la propuesta es inmoral o no; si el lenguaje utilizado esconde la realidad de lo que está ocurriendo; ¿con quién me comparo para justificar mis acciones?; ¿culpo a la víctima o a otros por el daño que causo?
Difícilmente vamos a cambiar a los que por la razón que fuere pasaron ya al "lado oscuro" de la vida, pero lo que sí podemos hacer con los cuestionamientos anteriores es evitar la desconexión moral que convierte en criminales a las personas y los anima a la comisión de todo tipo de delitos y crímenes en nombre de otros o en nombre propio.
"Si la vida oscurece, hay que ser linterna".
Yo