Diversión sobria

Diversión sobria

En varias ocasiones he escrito en este espacio acerca del cada vez mayor consumo de alcohol entre los jóvenes y las medidas que se podrían tomar para reducirlo, pues no tengo duda, como hace tiempo lo dije ("Sociedad alcohólica", MURAL, 25 de marzo del 2010), que vivimos en una sociedad alcohólica que al no reconocer su adicción no puede rehabilitarse.

Si creen que exagero, hagan una prueba: intenten organizar una fiesta, o cualquier tipo de celebración anunciando que no habrá bebidas alcohólicas y verán cómo la mayoría, y especialmente los jóvenes, se opondrán inmediatamente a la idea, argumentando que sería una fiesta aburrida.

La verdad es que en la cultura social que hemos construido pocos saben ya cómo pasarla bien sin tomar, sin alterar su estado de ánimo, o sin alguna clase de "desinhibidor" que anime a hacer lo que normalmente no haríamos, o a decir cualquier cantidad de tonterías y culpar luego al alcohol por ello.

No hablo de ser abstemios, ni sugiero que así deba ser, lo que digo es que debemos probar aunque sea de vez en cuando la experiencia de divertirse sobrios y demostrar que nuestra felicidad no depende del alcohol. Y quién sabe, a lo mejor nos llevamos la sorpresa de que la podemos pasar igual de bien.

Bueno, pues parece ser que lo que entonces propuse -comenzar a organizar reuniones y eventos oficialmente declarados como "eventos libres de alcohol" o "diversión sobria"- ha comenzado a darse en diferentes partes del mundo mediante fiestas o eventos denominados "coffee parties" o "fiestas del café", y que se están ya organizando en diferentes escalas y diferentes formatos, desde encuentros casuales en casas particulares, hasta eventos más estructurados en espacios públicos, unos para el intercambio de ideas, otros para presentaciones de productos, otros para la construcción de redes entre personas con intereses comunes que permiten a los invitados conectarse a un nivel más profundo, y otros más para mera diversión e interacción social en locales construidos ex profeso para operar como "antros" o "clubes sin alcohol".

Sean del tipo que fueren, las "coffee parties" están demostrando que es posible lograr la misma diversión que las fiestas con alcohol, a menor costo, sin riesgos de trifulcas o de accidentes y sin resacas o remordimientos del día siguiente.

La diversión y experiencia de estas fiestas se logra instalando barras de bebidas no alcohólicas que, de manera creativa y espectacular, sirven todo tipo de "mocktails", malteadas, cafés, tés, jugos, etcétera, y música "curada" especialmente para modular y mantener la energía alta.

Hay otro tipo de "coffee parties" que se organizan con distintos fines, como la promoción de negocios, el lanzamiento de nuevos productos, el networking profesional, o incluso para discutir temas sociales, políticos o comunitarios, y en los que el alcohol no tiene cabida.

Si bien la gente está acostumbrada a buscar diversión por las noches, debido a que por lo general es "mal visto" beber alcohol por la mañana o ir a trabajar con unas copas encima, un aspecto importante de las "coffee parties" es que no necesariamente son nocturnas. De hecho, algunos clubes sin alcohol que se han abierto en ciudades como Miami, operan desde la mañana.

Aunque parezca extraño, las "coffee parties" serán pronto la opción para buscar diversión y conocer gente en ambientes sanos y diurnos. Lugares para "beber sin beber".

Necesitamos repensar la forma como nos divertimos, particularmente los jóvenes que han establecido ya la costumbre de enfiestarse y andar en la calle con copas encima hasta altas horas de la noche, con los riesgos que ello implica.

Para ello, y a sabiendas de que a los defensores de las bebidas alcohólicas duras no les parecerá nada lo que digo, creo que lo primero que habría que hacer es erradicar de la cultura del alcohol la absurda idea de que a los hijos hay que "enseñarles a tomar". Y no me refiero a los suaves vinos de mesa, sino a los llamados licores duros ("hard liquor"). En lugar de "enseñarlos a tomar", sería mejor para todos enseñarlos a no tomar, enseñarlos a divertirse sobrios y hacerles ver que beber no hace a los hombres más hombres, ni a las mujeres más liberadas o divertidas, y que es posible pasarla bien sin necesidad de alterarnos el juicio.

"La última y nos vamos".

Yo