Los accidentes no existen

Los accidentes no existen

Poco se habla del mal llamado "accidente" del Tren Interoceánico ocurrido el pasado 28 de diciembre (irónicamente, llamado Día de los Inocentes-pasajeros) en el que murieron 14 personas y hubo 117 heridos, luego de que éste se descarriló con 241 pasajeros y 9 tripulantes a bordo, y uno de los vagones cayó a un barranco de más de 6 metros de profundidad.

Como siempre, se inició una "carpeta de investigación" para conocer las causas del descarrilamiento y determinar responsabilidades.

Este incidente, al igual que la caída de la Línea 12 del Metro de la CDMX, y tantos otros incendios, explosiones, derrumbes, choques, fracturas, etcétera, que a diario vemos y sufrimos, no solo en los espacios, infraestructura e instalaciones públicas, sino también en las privadas, no son simples accidentes, son tragedias evitables.

Los accidentes, sea el de una pistola que "se dispara" o un resbalón en una escalera, no ocurren "porque sí". Son siempre el resultado de errores humanos, técnicos u organizacionales; de conductas negligentes (no hacer lo que debía hacerse); de imprudencias, descuidos o excesos de confianza; de errores de juicio, de cálculo o de procedimiento; de falta de supervisión, de capacitación o de mantenimiento; de uso indebido de equipos, de fatigas del cuerpo o de materiales; de defectos de diseño, de fabricación o de instalación, etcétera. Por ello digo que los accidentes no existen.

Para entender mejor esto, veamos primero el significado del término "accidente" en diferentes contextos.

La definición general dice que un accidente es un "suceso imprevisto que ocurre sin intención, y causa consecuencias negativas".

En contextos jurídicos se define como un "hecho fortuito o evento no deseado que no deriva de la voluntad deliberada de causar daño, pero que genera responsabilidad si hubo negligencia o imprudencia".

En contextos técnicos y de previsión de riesgos, se define como un "evento no planificado que interrumpe un proceso normal y ocasiona daños humanos, materiales o ambientales". Y filosóficamente hablando, se entiende como un "acontecimiento contingente que irrumpe en el orden previsto de la realidad".

Para mí la definición más precisa, que engloba todo e incluye un concepto adicional clave es la que dice que un accidente es un "acontecimiento inesperado, no intencional y generalmente evitable, que produce daño, lesión, pérdida o interrupción del curso normal de los hechos".

El concepto clave y por el cual digo que los accidentes no existen, es el de "generalmente evitable".

Salvo por las llamadas causas de fuerza mayor, es decir, hechos extraordinarios externos a la voluntad humana e imprevisibles, todo es evitable. Todo lo malo (y lo bueno) que ocurre, de alguna manera es previsible, eludible o dependiente del control de alguien.

En otras palabras, detrás de un accidente siempre hay una o varias personas a quien culpar.

Dependiendo del tipo de incidente, los responsables podemos haber sido nosotros mismos o un tercero; pudo haber sido un constructor, un calculista o subcontratista inepto; pudo ser un inversionista tacaño o un funcionario público corrupto; un director o un jefe de mantenimiento negligente o un fabricante de productos y materiales defectuosos. No importa el tipo de accidente, siempre habrá alguien que cometió un error, las más de las veces inconsciente e involuntario, otras veces de manera consciente, irresponsable y criminal.

Desgraciadamente en la mayoría de los casos, particularmente en los más graves, la cadena de responsabilidades se rompe por el eslabón más débil y los verdaderos culpables quedan impunes.

Las omisiones de alto nivel y los errores sistémicos son protegidos por el poder y la opacidad, quedan ocultos en inescrutables carpetas de investigación, y la culpa termina depositándose en funcionarios de bajo rango o en trabajadores visibles que acaban "pagando el pato" por fallas que nunca estuvo en sus manos evitar.

Tragedias como la del Tren Interoceánico y tantas otras más nos deben enseñar que las normas técnicas importan y mucho, y que la independencia de las investigaciones de los accidentes es condición esencial para que las responsabilidades no se diluyan, la verdad no quede sepultada bajo versiones convenientes y sentar las bases para que los "accidentes" no se repitan.
 
"No hay accidentes, solo hay errores
y descuidos".

Yo