Se necesitan 'pantalones'

Se necesita valentía o, como coloquialmente se dice, "pantalones" para reconocer que uno se equivocó. No solo cuando el error es evidente para los demás, sino cuando reconocerlo obliga a cuestionar nuestras propias decisiones, a tragarnos el orgullo y a aceptar que contribuimos, quizá sin proponérnoslo, a algo que hoy lamentamos.
Hago esta reflexión porque cada vez con mayor frecuencia me encuentro con personas que habiendo creído en López Obrador y en su partido Morena, hoy admiten, a veces en voz baja y casi con resignación, que se equivocaron; que fueron engañadas por las promesas de cambio y que quienes llegaron ofreciendo honestidad y justicia resultaron, en muchos aspectos, peores que aquellos a quienes pretendían sustituir. En otras palabras, que el remedio terminó siendo peor que la enfermedad.
Pero lo más grave y preocupante es que, pese a las evidencias, todavía haya muchas personas que piensen seguir respaldando a la 4T. No sé si lo hacen por soberbia o resentimientos pasados, o porque no creen que podemos estar peor que antes, pero al menos deberían preguntarse: ¿y si nos equivocamos?, ¿y si Morena es en realidad una estructura de izquierda radical, corrupta y ligada a organizaciones criminales, a juzgar por numerosos hechos que apuntan en esa dirección?
Plantearse esas preguntas no debería ser motivo de vergüenza, sino la oportunidad para asumir responsabilidades y actuar en consecuencia, en lugar de redoblar la apuesta por un proyecto político que cada vez nos acerca más a dictaduras y regímenes autoritarios como los de Cuba, Nicaragua y la Venezuela de Maduro, que a la postre, arruinaron a sus pueblos, todos con el mismo método que Morena ha seguido al pie de la letra: control total, polarización, corrupción oficial y discursos doctrinarios aunados a programas sociales y políticas económicas insostenibles.
Reconocer errores exige humildad. Significa aceptar que nos dejamos seducir por un discurso, que creímos en determinadas promesas o que preferimos ignorar señales. Y eso duele, porque obliga a cuestionarnos a nosotros mismos.
Quienes se tapan un ojo frente a hechos inobjetables de corrupción, incapacidad y abuso de poder de la 4T se convierten en sus tontos útiles: defienden a como dé lugar aquello mismo que alguna vez dijeron combatir.
Por supuesto que es más cómodo culpar adversarios, descalificar críticos y repetir que todo lo que hace el gobierno está justificado por una causa superior, pero ¿de qué sirve tener convicciones si estas no pueden someterse a la prueba de los hechos?
Una democracia no se pierde necesariamente de un día para otro mediante un golpe de Estado. También se pierde mediante decisiones que debilitan los contrapesos, reducen los espacios de disenso y concentran la autoridad en quienes gobiernan. Puede perderse aun conservando "elecciones" y formalidades democráticas. Y eso, en mi opinión, es exactamente lo que hace Morena.
Si bien no todos sus seguidores comparten las mismas motivaciones ni todos respaldan cada una de sus decisiones, el problema se agrava cuando la lealtad a un partido se vuelve más importante que los principios que originalmente justificaron el voto, y cuando sus representantes se arrogan una supuesta "superioridad moral" tan solo por declararse defensores de los pobres y adversarios de los privilegios, atribuyéndose de manera exclusiva la misión de combatir las desigualdades, y creyendo que sus actos son virtuosos por definición.
Ser de "izquierda", pertenecer a la 4T o declararse su seguidor no es una certificación de integridad ni de compromiso con la justicia social. Lo que importa en una persona o en un gobierno no es su etiqueta ideológica, sino lo que hace; no a quién defiende, sino qué resultados obtiene; no sus proclamas, sino sus hechos.
Dejar de apoyar a Morena no significa renunciar a los ideales que llevaron a millones a apoyar ese movimiento. Se puede seguir defendiendo a los pobres sin defender acríticamente todo lo que se presenta en su nombre. Se puede rechazar la corrupción de los gobiernos anteriores y, al mismo tiempo, exigir que se investigue y sancione la de los actuales. No hay deshonra en criticar a los propios o cambiar de opinión cuando los hechos obligan a hacerlo. Lo deshonroso es solapar y justificar hoy, lo que ayer se denunciaba.
"Nadie está tan mal que no pueda estar peor".
Indio Amaro