Actualizar la historia

Para mí, la historia, y todas las celebraciones y tradiciones tienen valor solo cuando somos capaces de encontrar en ellas lecciones y significados que orientan, cuestionan y enriquecen la manera en que entendemos y vivimos nuestro tiempo. De otro modo, se reducen a ceremonias o rituales repetidos mecánicamente, vaciados de sentido, que se cumplen por inercia o por obligación.

Hoy que estamos en el periodo de lo que solemos llamar vacaciones de Semana Santa y Pascua, más allá de la práctica religiosa y al margen de cualquier creencia, creo que vale la pena preguntarse qué hay detrás de estas fechas y cómo reinterpretar su sentido y adaptarlo al momento presente.

La Semana Santa cristiana y la Pascua judía (Pésaj) comparten y entrelazan un origen histórico y simbólico común: la liberación. En un caso, la liberación del pecado y la muerte y que culmina en la resurrección, y en otro, la liberación de la esclavitud (el éxodo). No es casualidad, además, que la Última Cena haya sido interpretada como la tradicional cena pascual judía (Seder).

Las tiranías de hace 2 mil años y las de hoy son distintas en forma, pero iguales en esencia. Entonces el poder absoluto convertía a pueblos enteros en esclavos; hoy, bajo dictaduras militares o regímenes religiosos o antidemocráticos persiste la misma lógica: control, sometimiento y restricción de libertades.

Con relación a esto, llegó a mis manos un texto escrito por el Dr. Daniel Fainstein, amigo de hace muchos años y Decano de Estudios Judaicos de la Universidad Hebraica de México, en el que habla precisamente de la posibilidad y responsabilidad que tenemos de no ser sólo espectadores de la historia, sino también sus intérpretes, sobre todo hoy que en México y en general en el mundo, nos enfrentamos a diferentes formas de injusticia, manipulación y abusos de poder que se repiten con nuevas caras.

A continuación, y con su autorización, transcribo unas partes su escrito, titulado "Entre la Ventana y el Seder: Cómo Mirar la Historia sin Perder el Sentido", y que me parece una útil reflexión para el momento actual:
 
"Cuenta George Steiner, el crítico literario y testigo lúcido de la cultura occidental, que cuando era niño, en París, una manifestación estalló frente a su casa. Su madre, alarmada, mandó cerrar todas las ventanas, como si así pudiera mantener a raya el ruido, la tensión, la historia misma. Pero cuando llegó su padre, hizo lo contrario: ordenó abrirlas, lo acercó y le dijo: 'Mira, George, esto es la historia'. Años más tarde, Steiner diría que ese momento pudo haber cambiado su vida. No sólo porque vio una manifestación, sino porque aprendió que la historia no es algo que ocurre lejos, en los libros o en el pasado, sino algo que irrumpe, que interpela, que exige ser mirado.

"Hoy también estamos frente a ventanas abiertas. Ya no son de madera ni de vidrio: son pantallas. Las redes sociales se han convertido en un umbral constante hacia lo que ocurre en el mundo. Pero lo que entra por esas ventanas es distinto, fragmentado, muchas veces ensordecedor. Oleadas de sinsentido, de antisemitismo, de opiniones rápidas y superficiales de quienes no comprenden, pero igual hablan. Y, al mismo tiempo, el impacto mudo, casi insoportable, de las imágenes: dolor, violencia y angustia condensados en segundos que no dan tiempo a procesar.

"La guerra (in)necesaria, dependiendo de la mirada, que involucra a Irán, Israel, Estados Unidos y el Medio Oriente, y su impacto de destrucción, cambio e incertidumbre, que se suma a estos años complejos.

"(...) Hoy, más que nunca, necesitamos abrir las ventanas -como el padre de Steiner- para no vivir ajenos a lo que sucede, pero también saber que mirar no es suficiente. Que hace falta interpretar, narrar, dar forma.

"Pésaj (la Pascua judía) no nos pide que ignoremos la historia. Nos pide que no quedemos atrapados en ella sin herramientas. Que podamos, incluso en medio de la confusión, preguntarnos: ¿qué estamos viendo?, ¿qué significa?, ¿qué exige de nosotros?

"(...) Se juega algo esencial: no ser sólo espectadores de la historia, sino también sus intérpretes, los testigos del tiempo que nos tocó vivir y la responsabilidad de actuar para transformarlo".

A estas reflexiones agregaría una sola cosa: evitar que la historia se repita comienza por no normalizar lo que está mal.

"Ver una injusticia genera
la obligación moral de impedirla".

Yo