Ricardo EliasComment

Papá arregla todo

Ricardo EliasComment
Papá arregla todo

La reflexión detrás del título de este artículo nació del discurso pronunciado por el rabino Jonathan Berkun hace unos días, durante su discurso del llamado Día del Perdón (Iom Kipur), una de las fechas más sagradas del judaísmo. Contó que, cada vez que en su casa surge algún problema, como una puerta que no cierra, algo que se rompe, se descompone o deja de funcionar, sus hijos pequeños recurren a una certeza que elimina de golpe todas sus preocupaciones: "Papá lo puede arreglar", "papá arregla todo".

Pero este año, esa frase adquirió para el rabino un significado dolorosamente distinto: frente a la ola de antisemitismo mundial desatada tras las masacres perpetradas por Hamás el 7 de octubre de 2023, uno de sus hijos volvió a pensar que su papá encontraría la solución. Sin embargo esta vez papá no podía, y tampoco podía mentirle.

Este discurso –que escuché luego de haber entrado a una sinagoga en medio de hombres fuertemente armados para proteger a la comunidad de posibles ataques antisemitas– me hizo pensar en el mundo que estamos viviendo y dejando a nuestros hijos y nietos. ¿Cómo explicarles que existen guerras que destruyen ciudades y separan familias; crisis económicas que cambian de un día para otro la vida de millones; crímenes y violencia que arrebatan vidas; personas discriminadas y perseguidas por su religión, sus ideas o su origen; como explicarles la reciente manifestación afuera de una sinagoga en la Ciudad de México que coreaba "fuera judíos de México"? ¿Cómo decirles a nuestros hijos que hay problemas enormes para los que no tenemos soluciones? Ojalá pudiéramos decir siempre sin mentir: "No se preocupen, yo lo arreglo".

El discurso del rabino no se quedó en los terrenos de la impotencia o la resignación, sino que tuvo una propuesta valiosa que decidí compartir porque me parece que nos sirve a todos: entre el imposible "yo puedo arreglarlo todo" y el "no puedo hacer nada" existe una tercera actitud: tomar responsabilidad.

Esto no quiere decir que debamos asumir culpas ajenas, significa reconocer que, aunque no seamos directamente responsables por todo lo malo que ocurre, debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para remediarlo o para ayudar a resolverlo.

El que no esté en nuestras manos resolver un problema social o mundial no es excusa para desentendernos ni nos exime de la responsabilidad de actuar correctamente frente a él. No podemos detener una guerra, pero sí podemos negarnos a alimentar el odio y la discriminación, informarnos, ayudar a quienes sufren y educar a nuestros hijos en el respeto y la tolerancia. No podemos erradicar la pobreza, pero podemos ayudar a alguien a salir de ella. No podemos resolver la inseguridad de un país, pero sí podemos cumplir la ley, rechazar la corrupción, denunciar cuando corresponda y enseñar a nuestros hijos que hacer lo correcto no depende de que los demás también lo hagan. Tal vez no seamos responsables de todas las injusticias y males de la humanidad, pero sí somos responsables de nuestra respuesta y actitud frente a ellos.

El error más grave es pensar que nuestra conducta individual es insignificante. ¿Qué diferencia hace que yo respete las reglas si otros no lo hacen? ¿Para qué ser honesto si otros prosperan haciendo trampa? ¿De qué sirve ayudar si el problema es mucho mayor que mi ayuda?

Una sociedad desarrollada no se construye solamente con grandes decisiones de gobierno o con liderazgos excepcionales, se construye también con millones de pequeñas acciones y actitudes individuales: Un conductor que respeta una señal, un empresario que cumple la ley, un funcionario que rechaza un soborno, un padre que enseña a su hijo a respetar a los demás, un vecino que ayuda a otro, una persona que encuentra una cartera y la devuelve... Cada uno puede parecer un acto demasiado pequeño para cambiar un país, pero esa es la paradoja: lo pequeño repetido muchas veces deja de ser pequeño.

No podemos prometer a nadie un mundo sin guerras, sin violencia, sin desastres, sin injusticias ni crisis. Sería engañar. Pero tampoco es cierto que no podamos hacer nada: cada uno podemos hacer algo para que las cosas estén, al menos un poco mejor de como las encontramos. Si no hay un papá que pueda arreglarlo todo, seguramente nosotros podemos arreglar algo.

"Toda grandeza es la suma de pequeñas partes".
Yo